Agullent apuesta por la industria mientras Ontinyent sigue perdiendo el tren del desarrollo económico


 

El pasado 3 de junio, el Ayuntamiento de Agullent aprobó de forma definitiva la modificación del Plan Parcial del sector industrial “El Pepelillo”, dando así luz verde a un proyecto que puede marcar un antes y un después para este municipio de la Vall d’Albaida. La empresa Family Cash, uno de los grupos de distribución valencianos con mayor crecimiento en los últimos años, instalará allí su nueva base logística central. La inversión estimada ronda los 30 millones de euros y se prevé la creación de más de 100 empleos directos.

A esta noticia, que ha sido recibida con entusiasmo por la ciudadanía agullentina, le acompaña un dato no menor: más del 80% de las industrias que se están instalando en Agullent provienen de empresarios de Ontinyent. Y es aquí donde surge una reflexión que resulta incómoda pero necesaria: ¿por qué Ontinyent, la capital comarcal, está dejando escapar inversión, actividad y puestos de trabajo?

La paradoja ontinyentina: cultura y peatonalización… sin empleo

Ontinyent no es ajena a las transformaciones que vive la economía valenciana, pero su modelo de ciudad parece haber renunciado a competir por el desarrollo industrial. En los últimos años, hemos sido testigos de un giro político hacia un urbanismo centrado casi exclusivamente en la estética urbana, la peatonalización de calles y la promoción cultural. Fiestas de interés turístico internacional, proyectos museísticos como el Museu del Tèxtil, o costosas actuaciones urbanas en el centro histórico han ocupado titulares y partidas presupuestarias.

Sin embargo, paralelamente, los polígonos industriales siguen sin adecuarse, el precio del suelo industrial no es competitivo y muchos empresarios optan por llevar sus inversiones a otros municipios vecinos. Mientras Agullent actualiza su normativa urbanística con agilidad y facilita la implantación de grandes empresas, Ontinyent sigue inmersa en debates sobre si cerrar o no al tráfico otra calle del centro.

La pregunta es inevitable: ¿Cómo pagaremos en la caja del supermercado cuando la ciudad se quede sin empleo?

Family Cash y un ejemplo de lo que Ontinyent podría haber tenido

Family Cash no es una empresa cualquiera. Desde su fundación en 2013 en Xàtiva, se ha expandido rápidamente por toda España gracias a un modelo de negocio basado en la eficiencia logística, el gran formato y precios competitivos. Que haya elegido Agullent para centralizar su logística en la Comunidad Valenciana no es casualidad. Han encontrado allí suelo industrial accesible, disponibilidad urbanística y respaldo institucional.

Lo que llama la atención es que muchos de sus proveedores y contactos empresariales tienen origen en Ontinyent, ciudad que perfectamente podría haber acogido esta base logística si se hubieran dado las condiciones. Pero no las hay. Y esa es la realidad: en Ontinyent no hay una política industrial eficaz ni una estrategia clara para retener o atraer inversión empresarial.

El coste de una mala planificación

El caso de Agullent no es único. En los últimos años, municipios como Bocairent, Albaida, l’Olleria o Aielo de Malferit han ido actualizando su planeamiento urbanístico, desarrollando sectores industriales o atrayendo pequeñas y medianas empresas que podrían haber tenido cabida en Ontinyent. Pero la excesiva burocracia, la falta de previsión y, en algunos casos, la escasa voluntad política, están expulsando empresas de la capital comarcal.

Desde el punto de vista económico, esto supone una pérdida de ingresos fiscales, destrucción progresiva del empleo local y debilitamiento de la clase media.

Desde el punto de vista social, significa más dependencia de ayudas públicas, más juventud emigrando y un deterioro silencioso pero constante del tejido productivo.

¿A dónde va Ontinyent?

Esta es la pregunta clave. Si Ontinyent no redefine su modelo de ciudad para volver a ser un referente económico en la comarca, la peatonalización, el turismo de fin de semana o los eventos culturales no serán suficientes para sostener a una población activa que necesita trabajar. La ciudad que una vez fue la locomotora industrial de la Vall d’Albaida hoy ve cómo sus vagones se desenganchan y siguen rumbo a otros destinos.

Agullent ha entendido el mensaje. Ha apostado por el empleo, por la inversión y por ser útil para su gente. Ontinyent aún está a tiempo de reaccionar. Pero para eso hace falta liderazgo, visión y, sobre todo, voluntad política.

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