¿Dónde están las viviendas vacías? El reto pendiente en Valencia y Alicante


🏘️ ¿Dónde están las viviendas vacías? El reto pendiente en Valencia y Alicante

Miles de inmuebles siguen sin uso claro mientras cientos de personas buscan un hogar asequible. ¿Se está desaprovechando una oportunidad histórica?

La situación de la vivienda en la Comunitat Valenciana —y especialmente en las provincias de Valencia y Alicante— lleva años arrastrando un problema estructural: falta oferta pública, suben los precios del alquiler, y a la vez hay miles de viviendas vacías que no se ponen en circulación. ¿Cómo es posible?

Muchas de estas propiedades están vinculadas a entidades como la Sareb, creada hace más de una década para absorber activos tóxicos tras el estallido de la burbuja inmobiliaria. Aunque su misión inicial era más financiera que social, con el paso de los años han crecido las voces que exigen que parte de ese patrimonio se destine a resolver el acceso a la vivienda. Pero el proceso va lento. Muy lento.

¿Y en nuestras comarcas?

En ciudades como Elche, Alicante, Gandia o Torrent, y también en municipios medianos como Xàtiva, Alzira, Ontinyent, Villena o Dénia, es fácil encontrar edificios cerrados o promociones que nunca se terminaron. Algunas viviendas están ocupadas, otras simplemente abandonadas. Mientras tanto, jóvenes, mayores o familias con pocos ingresos se enfrentan a un mercado de alquiler cada vez más exigente.

Las administraciones locales muchas veces ni siquiera saben qué inmuebles están disponibles. No hay un inventario público ni criterios claros de cesión. Y sin datos ni herramientas, los ayuntamientos están atados de manos.

Una oportunidad que no se puede dejar pasar

Ahora se habla de un posible cambio en la gestión de parte de esas viviendas. Se plantea transferirlas a entidades públicas que, en teoría, deberían destinarlas al alquiler social o asequible. Podría ser una oportunidad única para dar un giro real al acceso a la vivienda en nuestras ciudades.

Pero hay una condición: transparencia. No vale con grandes anuncios. Hace falta un mapa claro de qué inmuebles hay, dónde están, cuál es su estado, y qué uso se les va a dar. Y sobre todo, hace falta voluntad de actuar. Porque no podemos permitirnos que viviendas que podrían cambiar vidas sigan acumulando polvo tras una persiana bajada.

¿Y ahora qué?

La pregunta está servida: ¿qué modelo de ciudad queremos construir? Si de verdad apostamos por un territorio donde vivir no sea un privilegio, sino un derecho, es hora de abrir las puertas (literalmente) de esas viviendas vacías. Hay una oportunidad sobre la mesa, pero se necesita valentía y compromiso para aprovecharla.

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